domingo, 25 de mayo de 2008

HERRAMIENTAS LOC


NUESTRO INSTRUMENTO DE TRABAJO
Cuida tu voz y tu garganta. Si las dañas, no hay repuesto

¿Conoces a algún agricultor que antes de ir a cosechar estropea el filo de su machete, mella su guadaña, embota su cuchillo?

Pues eso hacen los locutores y locutoras que fuman antes de entrar a cabina.

¿Conoces a algún cazador que moja la pólvora de sus balas antes de salir de cacería?

Pues eso hacen los locutores y locutoras que se pegan los tragos antes de abrir el micrófono.

¿Conoces a alguna cocinera que ensucia las ollas antes de cocinar?

Pues eso hacen los locutores y locutoras que se ponen a comer maní, papas fritas, mascar chicles, llenarse la boca de comida chatarra cuando van a comenzar su programa.

Para colmo, en algunas emisoras permiten fumar, beber y comer en la misma cabina master o de grabación. No sólo dañan a los locutores, sino a los mismos equipos técnicos. Antes y durante la locución, lo único aceptable es un vaso de agua fresca para aclarar la voz.

Cuida tu instrumento de trabajo. Si lo dañas, no hay repuesto.

DOMINAR LOS NERVIOS
Antes que la voz, debemos dominar los nervios

A
ntes que la voz, debemos dominar los nervios. Hay que espantar estos fantasmas que entorpecen, como ningún otro, la comunicación.

Si lo pensamos bien, no existe ninguna razón válida para que una persona no logre expresarse con igual fluidez frente a un micrófono que ante un amigo. ¿De dónde nace el susto, entonces? ¿Cuál es la madre de todas las timideces?

El miedo al ridículo, no hay otra. La burla presentida, la mofa supuesta, la mueca de desprecio que creemos adivinar, la risa que hace pedazos la propia estima. En cuanto a la cobardía radiofónica, la causa es la misma, sólo que multiplicada.

Cuando salimos al aire, nos sentimos más expuestas, más vulnerables que en un grupo pequeño. Si metemos la pata, todos se enterarán. Si se nos lengua la traba, vendrá una rechifla masiva. A pesar de la soledad de la cabina, miles de orejas nos juzgan.

¿Te sientes atemorizado cuando se acerca la hora del programa, cuando dan la señal para comenzar? El mejor camino para vencer el miedo es decidirse a vencerlo. ¿Qué hacer para controlar los nervios? Entra a cabina con ánimo positivo, cabeza erguida, pisando firme, con buen astral.

Respira profundamente tres o cuatro veces antes de empezar a hablar. Así oxigenarás todo tu organismo y te sentirás más relajada.

A muchas personas les ayuda tener algo en la mano para juguetear mientras hablan. Puede ser un bolígrafo, un palito, una moneda. O la piedra de tu signo zodiacal, como talismán de buena suerte. Ahora bien, nada brinda mayor seguridad que saber bien lo que vamos a decir. Prepara tu programa, organiza tus ideas y... ¡adiós temblores!

En fin, olvídate de los nervios. La segunda vez te saldrá mejor que la primera. Y la tercera, mejor que la segunda. Todo es cuestión de práctica. Así, practicando y practicando, ganarás confianza y controlarás los nervios. Siempre estarán ahí, seguramente te provocarán un cosquilleo antes de comenzar a hablar. Pero ya no te anudarán la garganta ni te dejarán la mente en blanco.

En poco tiempo, le habrás “perdido el respeto” al micrófono. Ya no lo verás como una pistola que te encañona... sino como un apetitoso helado de chocolate.


SENTIRSE Y SENTARSE BIEN
Cuando entres a cabina, deja fuera tus preocupaciones. Eso es profesionalismo.


Llegó el momento de entrar a cabina. El bombillito rojo “en el aire” se ha encendido. Es hora de hablar. ¿Cómo acometer el desafío de la palabra?

¨ Lo primero, SENTIRSE BIEN.

Olvida tus preocupaciones personales. ¿Peleaste con la novia, te esperan las facturas del teléfono y la luz, tienes diez kilos más de peso, te robaron el carro, te duelen las tripas? Al público no le interesa nada de eso.

Cuando entres a cabina, deja fuera, engavetadas, tus preocupaciones. Desconéctate. Concéntrate en tu trabajo. Y comienza a hablar como si acabaras de ganar la lotería. Eso es profesionalismo.

Si estás de mal genio, reconcíliate contigo mismo. Controla tus sentimientos. Porque ellos se transmiten a través del hilo mágico de la voz. Si estás triste, tu público se entristecerá. Si estás alegre, se alegrará. Si estás frío, enfriarás a quienes te escuchan. Si cansada, salpicarás cansancio a tu audiencia.

Llénate de energía positiva. Cárgate de entusiasmo. Ponte pilas nuevas. Aunque no tengas muchas ganas de hablar, repite para tus adentros: “Quiero conversar. Me cae bien la gente. Amo a mi público.”


¨ Y lo segundo, SENTARTE BIEN.

Si estás al borde de la silla, la voz te saldrá nerviosa, insegura.

Si estás doblado hacia delante, la voz te saldrá también doblada, tendrás problemas para respirar.

Si estás retorcida, también tendrás problemas de respiración. Y si te descuidas, se te retorcerán las ideas.

Si estás repantigado, descolgado hacia atrás, la voz te saldrá dormida, sin fuerza.

Siéntate bien. Acerca la silla. Espalda recta, pecho bien levantado. Mirada al frente. Descansa las manos sobre la mesa. Colócate bien frente al micrófono.

¿Tienes corbata? Aflójala, para que puedas respirar bien. ¿Tienes sostén? También aflójalo, para que te sientas cómoda. Sueltos los cinturones, sueltos los bluyines que oprimen la panza. Que tu cuerpo esté tan relajado como tu mente.

Respira bien. Relájate. Experimenta cómo el aire fresco ventila hasta el último rincón de tu cuerpo, desde la coronilla hasta el dedo gordo del pie.

Siéntete bien. Siéntate bien. Y echa a volar tus palabras.



BUENA ARTICULACIÓN, MEJOR DICCIÓN
Algunos consejos y ejercicios para mejorar la pronunciación de las palabras

¿A qué llamamos “buena articulación”? A la pronunciación clara de las palabras. Que los demás puedan oír y distinguir bien todo lo que decimos.

Por costumbre o pereza, algunas personas hablan con la boca muy cerrada, casi sin mover los labios. Otros, por timidez, adoptan un tono muy bajo y apenas se entiende lo que dicen.

Levanta la cara, limpia tu garganta, abre bien la boca. Igual que el músico, el locutor o la locutora afinan su instrumento antes de tocarlo, para que el público no pierda una sola nota de su sinfonía.


EJERCICIO 1

Muerde un lápiz, como si tuvieras un freno de caballo en la boca. En esa posición, ponte a leer un periódico. Haz este ejercicio durante cinco minutos. Verás cómo vas aflojando todos los músculos de la cara.

EJERCICIO 2

Toma un libro y ponte a leer en voz alta, lentamente y silabeando:
Cuan-do-el-co-ro-nel-Au-re-lia-no-Buen-dí-a...
Avanza algunos párrafos así, exagerando la lectura, como haciendo muecas para hablar. Luego, silabea más rápido, asegurándote que pronuncias cada una de las letras de cada palabra.


La “buena dicción” es otra cosa. Trata de la exacta pronunciación de todas las letras y las palabras. La articulación se refiere a la claridad. Ahora hablamos de la corrección.

No hay que apelar a la popularidad de la emisora ni a la coloquialidad del lenguaje radiofónico para machacar el idioma. En un sociodrama no importa, porque estamos reflejando nuestra manera de hablar cotidiana. En una entrevista, el entrevistado puede hablar como le venga en gana, mientras no ofenda. Pero para conducir una revista o un informativo, los locutores y locutoras deberán esforzarse en pronunciar bien.

Hay que corregir las letras comidas (las “eses” especialmente) y cambiadas (la “l” por la “r”, la “r” por la “l”, la “c” por la “p”).

También están las palabras mal dichas (“haiga” en vez de “haya”, “hubieron” en vez de “hubo”, “naiden” en vez de “nadie”, “satisfació” en vez de “satisfizo” y tantas otras).

No hay que irse al otro extremo, a una manía por la dicción que reste naturalidad a quien habla. Son esos que pronuncian hasta la segunda “s” de Strauss y la “p” de psicología. En algunos cursos de locución, se ejercita el sonido fricativo de la “v” para diferenciarla de la “b”. Tal exageración, impropia del idioma español, suena muy pedante.

EJERCICIO 3

Los trabalenguas son muy útiles. Busca uno con letras incómodas para ti. Por ejemplo, si tienes problema con las “erres”, practica el consabido “erre con erre cigarro, erre con erre barril, rápido corren los carros siguiendo la línea del ferrocarril”. Pronúncialo dos, cuatro, ocho, dieciséis veces... ¡hasta que la lengua te obedezca!

En las medicinas tienes otro estupendo ejercicio de dicción. Lee esos papelitos de letra pequeña donde vienen escritas las enredadas fórmulas químicas.

LA AVENTURA DE HABLAR
La capacidad de improvisación, la fluidez de palabras, depende de una actitud permanente de curiosidad intelectual


En el clip anterior mencionamos los cuatro niveles de lectura que debe dominar un buen locutor, una buena locutora.

Pero no basta con saber leer con soltura un libreto. Necesitamos aprender a improvisar, a soltar la lengua. A correr la aventura de hablar sin papeles.

Improvisar no es decir lo primero que me venga a la boca. La improvisación exige incluso más preparación que la redacción de un texto. Supone investigar, hacer un esquema de ideas, tener los materiales a punto, estar en forma. Una vez listos, como deportistas bien entrenados, echamos a volar nuestras palabras vivas desde la antena radiante hasta el oído del receptor. Mejor dicho, nos estamos refiriendo a una improvisación responsable.

La capacidad de improvisación, la fluidez de palabras, depende de una actitud permanente de curiosidad intelectual, de observar el mundo para conocerlo, de interesarnos en los demás, de charlar sobre los más variados temas. A hablar se aprende hablando.

Y leyendo. El vicio propio de la profesión locutoril son los libros, las revistas, los periódicos… Sin mucha lectura será difícil improvisar sobre ningún tema. El locutor y la animadora se parecerán a pozos secos de donde no brota ninguna opinión ni pensamiento propio.

¿Cómo ejercitarnos en la improvisación? Una buena técnica consiste en escribir varios temas en papelitos y meterlos en una gorra. Pueden ser temas complejos (las leyes migratorias) o más cotidianos (la música pop). Uno a uno, una a una, los colegas van sacando un papelito. Tienen 3 minutos para pensar lo que van a decir y deben hablar un minuto sobre ese tema. Al final de cada mini charla, el grupo evaluará:

¿Dijo algo interesante? ¿Dio muchos rodeos?
¿La entrada fue atractiva? ¿Y la salida?
¿Usó muletillas? ¿Se le notaba inseguro, achicada?
¿El lenguaje fue ingenioso? ¿Quedó alguna idea clara?
¿Qué puntaje le daría del 1 al 10?

Esta práctica y otras muchas se pueden hacer en un contexto festivo. Quien conduzca el grupo no debe presentarse como el “profesor” de una escuelita. Más bien, creando un clima de confianza y de sana emulación, los compañeros y compañeras de la emisora irán mostrando sus habilidades oratorias y, sobre todo, irán sintiendo la imperiosa necesidad de leer más para hablar mejor. La urgencia de saber y conocer sobre los más variados temas para poder abrir el micrófono con la seguridad de quien siempre tiene algo novedoso que compartir con la audiencia.


HABLAR CON EL CUERPO
La gesticulación es la mejor ayuda para la modulación


Cuando instalaron los primeros teléfonos en Sicilia, todos los moradores se congregaron ante el nuevo aparato para aprender cómo funcionaba:

--Atiendan --dijo el técnico--. Con la izquierda toman el auricular, con la derecha marcan los numeritos. Y listo, ya pueden hablar.

--¿Hablar? --preguntó un campesino siciliano--. ¿Y con qué manos?

Esta historia del teléfono vale también para la radio. Frente al micrófono, hay que emplear todo el cuerpo. Porque los seres humanos hablamos no solamente con la lengua. Utilizamos los brazos, las manos, los ojos, para expresarnos mejor.

No cruces los brazos ni los escondas detrás o bajo la mesa. Al cabo de un rato, estarás locutando con desánimo. Aprovecha todos tus músculos, especialmente los de la cara, para darle fuerza a tus palabras. Igual que subrayamos una frase importante cuando leemos un libro, aprendamos a resaltar determinadas palabras con el tono dinámico de la voz y el apoyo de las manos.

Cuando entramos a una cabina de radio, antes de atender a las voces de los locutores, nos fijamos en sus manos. Al locutor de oficio se le reconoce enseguida por sus gestos, por las muecas de su cara, el brillo de sus ojos, su posición dinámica. Mueve todo el cuerpo, pero mantén la cabeza en dirección al micrófono para no salirse de plano.

Si grabas de pie, no te apoyes sobre un pie ni te recuestes sobre la pared. Párate firme, con una posición corporal enérgica.

Obviamente, si no tienes convicción, de nada sirve la gesticulación. El buen tono para hablar por radio es hijo tanto de la motivación del espíritu como de la expresión corporal.

Aquí vale lo del huevo y la gallina, quién viene primero. Porque la convicción interior nos hace mover los brazos, enarcar las cejas, alzar el dedo que acusa y cerrar el puño que afirma. Y a su vez, la gesticulación exterior va produciendo en nosotros una actitud más convencida y, por ello, más convincente.

La gesticulación, ciertamente, es un asunto cultural. Le expresión corporal de un guatemalteco o de un andino es mucho más retraída que la de un brasileiro o de un argentino. Que cada uno hable a su estilo, claro que sí, pero desarrollando al máximo las posibilidades de su cuerpo.


¿TE RÍES ANTE EL MICRÓFONO?
¿Cómo remediar nuestra seriedad ante el micrófono? Cambiando de actitud.


La gente prende la radio para distraerse, para alegrarse la vida. Tenemos tantos problemas encima que necesitamos reírnos para poder sobrellevarlos. Si sale una locutora seria y fría, lo más probable es que cambien el dial y busquen otra estación. Si aparece un locutor acartonado, con vocación de sepulturero, los oyentes se aburrirán a los pocos segundos. El público no suele ser masoquista.

Hay que aprender a reírse ante el micrófono. Por supuesto, cuando el tema que estamos tratando lo permita. (¡No vamos a carcajearnos después de la noticia de un desastre!). Pero la mayoría de las veces, cuando estamos saludando a alguien o poniendo un disco, cuando comentamos asuntos de la vida cotidiana, hay lugar para la risa, para la chispa y la picardía.

¿Cómo remediar nuestra seriedad ante el micrófono? Cambiando de actitud. Mientras te sigas tomando tan en serio, mientras te creas tan importante porque tienes un micrófono en la mano, no podrás transmitir alegría a nadie. Porque la alegría sincera nace de un sentimiento democrático, de no sentirse superior (ni inferior) a los demás.

Deja ya el engolamiento y el ceño fruncido. Llénate de entusiasmo, olvida ahora las penas personales y las preocupaciones familiares.

Lo primero es sonreír. Aunque no tengas ganas, sonríe. Verás que tu voz saldrá más alegre por el micrófono.

Lo segundo es reír. Que suene tu risa por el micrófono. Atrévete. Te sentirás más feliz y contagiarás tu buen humor a la audiencia.

Saquemos la cuenta. En el programa de hoy, ¿cuántas veces te reíste? ¿Muchas, pocas, nunca?



DESCUBRE Y ELIMINA TUS MULETILLAS
Nos apoyamos en ellas como el inválido se apoya en las muletas para poder avanzar


Cuando los nervios nos ganan, especialmente al hablar en público o por la radio, recurrimos inconscientemente a algunas palabras y las repetimos una y otra vez. Nos apoyamos en ellas como el inválido se apoya en las muletas para poder avanzar. Por eso, se llaman muletillas.

Algunas muletillas frecuentes:

— Entonces... entonces... entonces...
— ... o sea ... o sea ... o sea
— ... pues ... pues ... pues
— ... este ... este ... este
— ... ¿no?... ¿viste? ... ¿verdad?

A veces, una frase entera se reitera oportuna e inoportunamente, y se vuelve un muletón:

— ... por supuesto que sí... por supuesto que sí...
— ... como ustedes saben... como ustedes saben...
— ... en el mismo orden de cosas... en el mismo orden de cosas...

Dejémoslo ahí, porque la lista sería interminable. En realidad, cualquier palabra o expresión dicha muchas veces, se convierte en muletilla, en una especie de “tic nervioso del lenguaje”.

Lo peor es que el público, en vez de atender a lo que estás diciendo, se distrae y se pone a sumar las impertinentes palabritas.

Como nadie se da cuenta de su propia muletilla, como viene a la lengua automáticamente cuando estás pensando en otra cosa, lo más práctico para eliminarla es preguntar a una amiga o un amigo cuál es la tuya. Graba tus programas, escúchalos y reconoce tu muletilla.

Toma conciencia de qué palabra estás repitiendo innecesariamente. Concéntrate y haz el propósito de no decirla nunca más. Cuando se te escape y te des cuenta de que se te ha escapado, ya estás a medio camino de resolver esta manía.


ERRE CON ERRE CIGARRO
¿Te animas a revisar el alfabeto y conocer los errores más frecuentes de pronunciación?


¿Te animas a revisar el alfabeto y conocer los errores más frecuentes de pronunciación?

Con las vocales, en general, hay menos problemas, aunque en las regiones andinas se suele cambiar la I por la E y la U por la O.

Vamos con las consonantes:

B No suele tener problemas. Pero cuando aparece en un prefijo, hay quien la cambia por C (en vez de andar OBSESIONADO, vive OCSESIONADO).

C Cuando va delante de E o I suena como S. Ante las otras vocales, tiene el sonido duro de la K. A veces, la cambian por P y en vez de LACTAR los bebés LAPTAN.

CH Es un sonido bastante fácil. Si no, pregunten en Buenos Aires.

D La D al final de las palabras suele desaparecer, ¿VERDÁ? Pronúnciala, pero sin exageración. También se esfuma en los participios: ACABAO por ACABADO.

F Con esta letra no suele haber dificultades.

G Ni tampoco con ésta. Cuando va delante de la E o la I suena como J.

H Como es muda, nadie se confunde con ella.

J Tampoco jode esta letra, tal vez porque la usamos bastante para decir groserías.

K Se pronuncia igual que la Q o la C.

L Hay quienes la cambian por R. ¡Qué MARDICIÓN!

LL En el Cono Sur y algunas otras regiones la distinguen de la Y dándole un sonido más fuerte. Pero en la mayoría de los países latinoamericanos suena igual.

M Nadie se molesta con esta letra. Quizás porque es la primera que aprendimos diciendo “mamá”.

N Tampoco da problemas.

Ñ Sólo existe en español y la sabemos pronunciar muy bien, especialmente cuando nos enojamos.

P También es de fácil pronunciación. Pero a veces se cambia por C y acusamos a alguien de CORRUCTO.

Q Lo que ya dijimos de la K.

R Quienes cambian la L por R suelen cambiar la R por L. ¡POL FAVOL, NO VUERVA A COMETEL ESTE ERROL!

RR Como es un sonido tan fuerte es difícil cambiarlo por otro. Aunque los chinos lo logran.

S Como se parece a un fideo, esta letra es la que más se come, especialmente en los plurales. Pronuncia las palabras completas. No seas un “come-eses”.

T Parece un sonido fácil, sin muchos enredos. Sin embargo, hay personas que no la pueden pronunciar cuando se junta con la L. Y en vez de ATLETAS son AT-LETAS.

V En las escuelas de locución la quieren diferenciar de la B produciendo un sonido raro, fricativo. Esto es totalmente innecesario y, además, suena pedante. Se pronuncia igual VIVO o BOBO. (¡Algunos bobos y bobas incluso “fricatean” las B para mejorar su autoestima locutoril!)

W No es del idioma español. En inglés, suena U. En ruso, suena F. Y en alemán, V.

X se suele confundir con la S. Aprende a diferenciarla porque no es lo mismo SEXO que SESO.

Y El sonido de la “i griega” es casi igual a la “i latina”. Pero, como dijimos, en la mayoría de nuestros países suena igual que la LL.

Z Si está indocumentado en España, pronúnciela. Pero si vive en América Latina, no haga ese ridículo. La última letra del alfabeto tiene el mismo sonido que la S.

Con ejercicios de dicción y un poco de paciencia podrás corregir estos errores. Si no pronuncias bien las ERRES, repite mil veces el viejo trabalenguas:

ERRE CON ERRE CIGARRO, ERRE CON ERRE BARRIL
RÁPIDO CORREN LOS CARROS SIGUIENDO LA LÍNEA DEL FERROCARRIL