domingo, 25 de mayo de 2008

LOCUTORES (AS)


LOS NARCISOS (1)

Comenzamos una serie sobre los distintos tipos de locutores y locutoras que se encuentran en las emisoras. ¿A cuál te pareces tú?

A éstos se les reconoce por la manito en la oreja. Con ella forman una especie de auricular natural y así pueden escucharse permanentemente. Ellos mismos se delatan: esta clase de locutores y locutoras no están hablándole a nadie, sino a ellos mismos. Se están recreando, como el Narciso de la leyenda, en el espejo de su voz.

Tan embelesados quedan con los hermosos sonidos de sus cuerdas vocales que, a veces, ni saben lo que están diciendo o leyendo. Su especialidad es engolar la voz, sacar una “voz de sótano” tan profunda como fingida.

ESCUCHA A UN LOCUTOR NARCISO

Estimados radioescuchas, están escuchando galaxia musical con su estrella de siempre, Miguel Capullo, mío y tuyo, Miguel Capullo, con mi voz te arrullo, Miguel Capullo, deléitate con mi murmullo… Miguel Capullo, el que te acompaña a lo largo del día. Y quiero comenzar hoy con un avance noticioso. Un bus se ha despeñado en la carretera norte y hay 40 muertos y no sé cuántos heridos… En fin, son cosas de la vida… En todo caso, con esta alegría que me caracteriza siempre, presento a la reina de la sala… ¡la inconfundible Celia Cruz! ¡Azúcar!


No satisfechos con las vibraciones de su voz, estos vanidosos se ponen un poco de rever, unos puntos de brillo, para que resuene aún más. Se les olvida que la NATURALIDAD es la regla de oro de toda buena locución.

Narcisos y Narcisas se identifican a toda hora. También graban spots con sus nombres. Se felicitan a sí mismos y a su espléndido programa, se piropean, se echan flores, leen al aire los elogios que les escriben sus admiradores… Se creen lo máximo, la última chupada del mango.

No tienes que estar repitiendo y repitiendo tu nombre. Suena a pedantería. Identifícate a la entrada y salida del turno. O en los cambios de programa dentro del mismo turno. Ya la gente sabe quién eres. Y te aprecia precisamente por tu sencillez.

Estos locutores están hablando ante el micrófono. Pero no le están hablando a nadie. No se están comunicando con nadie. Inclusive, olvidándose de los oyentes, comienzan a utilizar la “tercera persona” (él, ella, ellos):


ESCUCHA

… tal vez los amigos radioescuchas estén esperando esas bellísimas selecciones que yo siempre les entrego… pero que ellos no se desesperen, porque ya pronto ellos podrán extasiarse con los mejores hits…


¿Cómo que “ellos”? ¿A quién le está hablando este capullo? Un locutor se dirige siempre en “segunda persona” a los oyentes (tú, usted, ustedes) como si los tuviera delante de sus ojos. Está dialogando con su audiencia aunque no la vea.

Por supuesto, estos presumidos no aceptan críticas de nadie. Ahora mismo, cuando están leyendo este radioclip, se sonríen con un tonito burlón. El asunto no es con ellos. Ellos nunca son como los otros les dicen que son. Se sienten superiores al resto de sus compañeros de la radio. Y están convencidos que nada tienen que aprender de ellos.

Esta raza de locutores y locutoras debería recordar lo que le pasó a Narciso: de tanto mirarse, se enamoró de sí mismo y se ahogó intentando besar su propio rostro reflejado en el agua.


LOS ELECTRICOS Nº 2

Aquí están las locutoras y locutores nerviosos, ansiosas, alterados, que hablan atropelladamente, casi gritan, parece que están pregonando frutas en el mercado. Cuando leen no respetan puntos ni comas y no hacen pausas ni para tomar resuello. Sudan los papeles y acaban el turno agotados.

ESCUCHA A UNA ELÉCTRICA
Y bien, amigas y amigos, aquí andamos, es decir, aquí estamos para dar inicio, para iniciar este programa sabatino con música y vanidades, quiero decir, variedades… variedades musicales y también noticias… por ejemplo, el presidente erecto de Estados Unidos… perdón, ay Dios mío, el presidente electo… Es que en el departamento de prensa me estaban cacheteando, digo, chateando y me informaron la información, valga la redundancia, de que el nuevo presidente… uff….

La mayoría de estas eléctricas y eléctricos lo son por inseguridad, por baja autoestima. Tal vez, cuando entraron a trabajar, los locutores más veteranos se burlaron de ellos. En vez de animar a la principiante se rieron de su voz. Le dijeron que no era radiofónica. Y la principiante se acomplejó. Ahora trata de compensar sus nervios con un falso dinamismo, como si tuviera electricidad en el cuerpo. Cuando si hubiera fuego en la cabina.

Lo primero es perderle el miedo al micrófono. El remedio contra ese miedo es lanzarse a hablar. A nadar se aprende nadando y a locutar locutando. Olvídate de los nervios y acuérdate que nadie nace sabiendo. La segunda vez te saldrá mejor que la primera. Y la tercera mejor que la segunda. Todo es cuestión de práctica.

Si estás nervioso, si estás aterrada, respira hondo antes de entrar en cabina. Respira tres o cuatro veces profundamente. Siéntate cómodamente en la silla, ni muy doblado hacia delante (porque vas a respirar mal) ni muy echado hacia atrás (porque la voz te va a salir como cansada). Tampoco tengas prendas apretadas que dificulten la respiración: cinturones, corbatas, sostenes…

A muchas personas, cuando están nerviosas, les ayuda tener algo en la mano: un lápiz, una moneda, una piedrita… Por ahí se escapará la tensión y hablarás con más tranquilidad.

Esta clase de locutoras y locutores son los campeones de las muletillas. Repiten y repiten una palabra (¡o más de una!) por pura inseguridad.

DIÁLOGO DE MULETILLAS
-- Oye, loco, eh, te quería preguntar, eh, que me digas cuál es, eh, la muletilla mía
-- ¿Cómo, pues?
-- La muletilla, eh, la palabra, eh, que uno repite, eh…
-- Ya entiendo, pues… yo creo, pues, que repites mucho el eh
-- ¿El eh?
-- Sí, pues.
-- Gracias, pues.
-- De nada, eh.

Esta es una de las muletillas clásicas de los locutores: “Así es”.

¡Pero así no es! No hay que andar calificando lo que el otro dice o pregunta.

Casi todos tenemos nuestras muletillas. Y como no nos damos cuenta de ellas, lo mejor es pedirle a un compañero que nos las señale.

Si se te traba la lengua estando al aire, si te enredas o equivocas, no pierdas la calma. Pide excusas sin dar demasiada importancia al asunto. Si encuentras una salida humorística, mejor. La audiencia no se fija en esos errores. (¡Claro, si te ocurren a cada minuto, es la Dirección la que se va a fijar en ellos!)

En fin, recuerda siempre que los nervios se parecen a esos perritos que ladran pero no muerden. ¡Ríete de ellos y concéntrate en tu trabajo!




LAS COTORRAS nº 3


Hay una población en África donde los oradores están obligados a hablar sobre un solo pie. Cuando pierden el equilibrio tienen que sentarse. De esta manera, los vecinos aseguran que hablarán poco, lo necesario solamente. A unos cuantos locutores y locutoras, charlatanes empedernidos, habría que mandarlos una temporadita por allá.

ESCUCHA UNA COTORRA
Para continuar este programa, traemos a la simpática, a la excelente, la sensual, la triunfadora de todos los públicos latinoamericanos, la reina del pop, Shakira, con esta grabación que hoy por hoy constituye un éxito indiscutible en los hits parades de todo el continente, una selección que sin lugar a dudas es una de las más solicitadas en los programas de nuestra Radio Matraca, la del toma y daca, Radio Matraca presentando a Shakira… Cuando son las tres y media de la tarde, Las caderas no mienten de Shakira, adelante Shakira, adelante la reina del pop, con tu superéxito Las caderas…

VOZ ¡Cállate ya!

Estas cotorras hablan mucho pero no dicen nada. Cuando improvisan, se enredan en un palabrerío incoherente. Comienzan un párrafo y no saben cómo acabarlo.

Si presentan un disco, hablan sobre la música, machacan la letra, silban junto al intérprete y sólo consiguen molestar a los oyentes. Si entrevistan a alguien, hablan más que el entrevistado. Hacen preguntas confusas, enredadas, interminables. Más que facilidad de palabra tienen dificultad de callarse.

Pero no se callan. No tienen sentido del ridículo. Y siguen adelante con su jerigonza porque están convencidos que el éxito del programa depende de ellos.

Un buen disc jockey sabe que no es él, sino la música la protagonista del programa. Que el éxito depende de la variedad de los discos más que de sus breves intervenciones. Si se trata de una revista de contenidos, dependerá de la actualidad y el interés de los mismos más que del blablá de quien conduce el programa.

Estas cotorras son expertas en los rodeos para decir las cosas:

ESCUCHA LAS MALAS PRESENTACIONES
- Ahora queremos presentarles un tema musical que…

Oye… Si quieres presentarlo… ¡preséntalo!

- Me gustaría que escucharan este estreno que…

Si te gustaría, ponlo…. No digas lo que vas a hacer… hazlo!

- Quisiera hacerle una pregunta al cantante…

¿Quisieras?... ¡Pues si quisieras, haz la pregunta y no des tanta vuelta!

Mucho ruido y pocas nueces. Pregúntales a estos palabreros qué libros han leído en este mes, en este año, en esta década… y se quedarán mudos. Tal vez no han abierto ni el periódico. ¿Qué pueden comunicar si tienen la cabeza hueca?

Si algún vicio corresponde a locutores y locutoras éste no es otro que la lectura. Lee sobre la historia de tu país y de América Latina, lee sobre economía y política, lee novelas y cuentos, lee de ciencia y de técnica, lee poesía, lee todo lo que caiga en tus manos y todo lo que encuentres en Internet.

Por cierto, ¿qué libro estás leyendo en estos días?


LOS DON JUANES nº 4

Nos topamos ahora con una de las especies más abundantes en la fauna locutoril: los donjuanes, los irresistibles. Mejor dicho los que se creen irresistibles.


TELÉFONO (Escuchar)

Dime, amor, ¿desde donde me llamas?… Oye, ¿y qué cancioncita te gustaría, mami?... Ja, ja, ja… ¿La gasolina?... Ja, ja, ja… Te encanta la gasolina, ¿verdad?… ¿Quieres más gasolina?... Ja, ja,ja… ¿Y cuál es el número de tu teléfono, mami… porque, ya tú sabes, la radio es de doble vía, como dicen los Radialistas, así que tú me llamas ahora… y yo te llamo después, mami rica…

A estos nenes se les ve con un peine en una mano y el teléfono en la otra. Siempre están recibiendo llamadas de sus admiradoras. En realidad, es media docena de quinceañeras que no tienen oficio y quedan fascinadas por la voz melosa de estos zánganos.

Para hacerse los simpáticos, necesitan echar mano a dobles sentidos, insinuaciones de mal gusto y risas que suenan falsas. Para dárselas de poetas, usan palabras cursis. Para parecer seductores, se acercan al micro y hablan a media voz, como si estuvieran en la cama con sus oyentes.

No seas come-micro. Una cuarta es buena distancia. Y habla con tu voz normal, que no hay ningún enfermo en cabina para andar susurrando.

La locución donjuanesca también se da entre las mujeres. Son las voces sensuales, castigadoras, las que confunden la radio con un teléfono al aire libre. Por eso, siempre usan el singular, el tú a tú, el tono confidencial.


TELÉFONO (Escuchar)
Hola… ¿Sí, quién me llama?... Roberto… Mira qué lindo tu nombre, Roberto… Ay, Roberto, entra en mi huerto… ¿Y desde dónde llamas, Robertito?... ¿Desde el barrio El Chocolate?... Bueno, habrá muchos bomboncitos en ese barrio… ¿Y con qué canción te complazo, Robertito?... “El amor de mi vida”… SUSPIRA… Bueno, Roberto, un besito para ti… BESO… Hasta la próxima, Tito…


Esta es una de las grandes mentiras de la radio tradicional. Dicen que en radio siempre hay que hablar en singular (de tú a tú). Pero como dijo Benedetti, “somos mucho más que dos”. Somos individuos, desde luego, pero también somos una colectividad. Un pueblo.

¿Singular o plural? Cuando estamos en un grupo, unas veces nos dirigimos a todos, otras veces a una sola persona. El arte de la buena radio consiste en pasar del singular al plural y del plural al singular con la misma naturalidad con que lo hacemos en la vida cotidiana.

Es cierto que no nos está escuchando una masa, sino Juan y Juana. Y hay que hablarles en singular. Pero también es cierto que Juan y Juana tienen una identidad social (son hombres o mujeres, son indios o negras o blancos, son adultos o jóvenes, son fanáticos de este equipo de fútbol o creyentes en esta religión.) Y hay que hablarles en plural porque tienen gustos y necesidades colectivas.

¿Qué hacer con los donjuanes y con las vampiresas? ¿Mandarlos a un taller de género? ¿Servirá para algo? ¿Qué piensas de estos personajes? ¿Tendrán arreglo?




LOS SIEMPRE LO MISMO Nª 5

La rutina mata el gusto en la comida y mata el amor en el matrimonio. La rutina liquida también la audiencia de un programa. Nada peor que una locutora o un locutor aburrido que pone siempre los mismos discos y los presenta siempre de la misma manera.

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A esta hora llega Vico C con su éxito La Vecinita

A esta hora llega Christina Aguilera con su éxito Pero me acuerdo de tí…

A esta hora llega Juan Luis Guerra con su éxito Las Avispas.

HOMBRE A esta hora llega el director con su cancelación.


Prepara tus presentaciones. Hazte una plantilla con modelos diferentes para presentar una canción. Así te irás acostumbrando a variar las palabras. Después irás ganando práctica y te será más fácil improvisar.

Estos siempre-lo-mismo suelen confundir su vida personal y sus dramas sentimentales con la profesión. Si el novio las dejó, si no han pagado la luz y el agua, si anoche no durmieron bien… se deprimen y transmiten esa depresión por la radio.

Desánimos pá fuera. Entra a cabina con entusiasmo, con ganas de trabajar, como si fuera el primer día de la creación. Tus asuntos personales no le interesan a la audiencia. Ya la gente tiene demasiados problemas encima para que, además, le caiga un desabrido a través de la radio.

Esta rutina de la voz se corrige, en buena medida, con la gesticulación. Uno se expresa no sólo con la boca, sino con todo el cuerpo. Aunque los gestos, las manos, el puño cerrado, los ojos abiertos, la tensión de todo el cuerpo no salen por el micrófono, mejoran muchísimo la entonación de la voz. Las palabras saldrán con energía, con buena vibra.

Nunca hables con los brazos cruzados ni con las manos bajo la mesa ni en los bolsillos. Mueve las manos, mueve los ojos, pon todo tu cuerpo en actitud dinámica, expresiva, como un deportista que toma impulso antes de un gran salto.

La gesticulación ayuda a la modulación de la voz. Modular es variar el tono, subir, bajar, cambiar el ritmo de las frases, subrayar una palabra importante, enfatizar lo que estás diciendo. Nota la diferencia:


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(no modulado) Nuestra radioteca cuenta ya con dos mil de discos…

(otro modulando) ¡Doscientos discos, señores, ya tenemos 200 discos!!!!


¿Te das cuenta? Con menos discos, la segunda animadora comunica más. En la vida real, todos modulamos mucho porque vemos la reacción de quienes nos escuchan. En radio, como sólo tenemos un cristal delante, adoptamos fácilmente un tono monótono, que hace dormir como el chaca chaca del tren.

No hay peor enfermedad para un locutor que la rutina. Porque la radio es sorpresa, variedad. Porque cada programa debe ser y sentirse como una aventura. A un locutor se le perdona todo menos el aburrimiento. A una locutora se le consiente todo menos la falta de creatividad.

Mata la rutina antes que ella te mate a ti. Y a tu audiencia.


LOS AGRINGADOS Nº 6

A estos broders les gusta todo lo que viene de afuera, especialmente de United States.

Para ellos, ser joven es parecerse al último rockero del norte. Se aprendieron unas palabritas en inglés y ya se sienten cool, ya hablan de fade in y feed back, ya sólo quieren comer hamburguesas con mucha mayonesa.

Alienados y alienadas que se pasan el día chequeando emisoras gringas para copiar el estilo de aquellos DJ. Imitándolos, aprendieron a ser sensacionalistas para leer las noticias, gritones para presentar un disco, frívolas para un comentario político.

No invites a los agringados a un festival de música campesina. Eso no tiene feeling. Ni a una peña latinoamericana. Está out. Quieren algo más heavy. Quieren música en inglés. Música en inglés en la discoteca, en la casa y cuando van con su mp3 por la calle. Y en la emisora, of course, si les dejaran las manos libres, sólo lanzarían música en inglés.


DIÁLOGO ENTRE UN AGRINGADO Y UNA LATINA

- ¿Y cuál es el problema, baby? Esa es la music que le gusta a la juventud, al público, la que te pone a volar.

- ¿La que le gusta al público… o la que te gusta a ti?

- No, my love, ésa es la que pide la gente, el people.

- ¿La gente o las cuatro amiguitas tuyas que siempre te llaman a la misma hora para pedirte las mismas canciones?

- No, no, I promise que la gente la pide…

- Claro, la gente pide hoy lo que le han dado ayer. Si en tu programa sólo pasas música gringa, la gente te pedirá música gringa.

- ¿Y qué propones tú, darling? ¿Una flautita del altiplano para el happy program juvenil, please? (TARAREA).

- Ponles salsa y merengue y cumbia y vallenatos y samba y rock latino… ¡haz la prueba y verás la diferencia. En la variedad está el gusto.

Los gustos musicales, como las modas, son fabricados por las empresas discográficas. Ellas imponen lo que es “moderno”, lo que le tiene que gustar a la juventud. Ellas inventan los hit parades en sus agencias de publicidad. Ellas hunden o promocionan a un artista según las leyes del mercado. Ellas llaman “música internacional” a los discos que ellas venden.

Y con la música viene la lengua y las costumbres y la forma de ver el mundo y el “pensamiento único”. Es decir, el pensamiento del imperio norteamericano.

Es, pues, un problema de soberanía musical. No se trata de eliminar la música en inglés de nuestra programación, sino de balancearla con otros ritmos. Que en nuestras radios se escuchen canciones en todos los idiomas, incluyendo las lenguas indígenas. Música de todos los continentes, incluyendo África. Discos prioritariamente nacionales y latinoamericanos, porque el desafío es afirmar nuestra identidad cultural.

¿Y qué hacemos con los locutores y locutoras agringados? Darles este sabio consejo: Los monos son los que imitan. Busca tu propio estilo, tu camino profesional. La mejor locutora, el mejor locutor, es quien se parece a sí mismo.


LAS CONSEJERAS Nº 7

Algunas locutoras y locutores confunden cabina con aula. O con púlpito de parroquia. Quieren educar a tiempo y destiempo, dan lecciones, sermones, amonestaciones, y hasta regañan a la audiencia.

Estos consejeros tienen buenas intenciones, nadie lo niega. Y hasta buenas ideas. Pero se sienten superiores a sus oyentes. Sienten una responsabilidad (que nadie les ha dado) de educarlos, de orientarlos. Es que la gente (piensan ellos) es inculta, atrasada, inmoral. Por supuesto, sus temas favoritos son los vicios que pervierten a nuestros jóvenes, la droga, la prostitución, el alcoholismo, el exhibicionismo...

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--Es que la juventud de hoy no respeta nada, ni siquiera los símbolos patrios. Imagínense ustedes, el otro día vi en la playa a una chica en bikini… En la parte de arriba llevaba los colores de nuestra bandera… y en la de abajo… me disculpan… el escudo nacional… ¿No le dará vergüenza? Ojalá que los padres de esta joven la sepan enmendar que estos malos ejemplos no se repitan… Ojalá…

Estos sujetos suelen llegar a las emisoras por dos caminos: las iglesias y el magisterio. Algunos parecen predicadores, monjitas dando catecismo. Otros, profesores de escuela corrigiendo a sus alumnos. Ambos resultan insoportablemente moralistas.

A estos consejeros, generalmente, sólo les gusta poner canciones con mensaje, discos que no contengan antivalores. El reguetón es una vulgaridad. Los vallenatos estimulan a la bebida. Los merengues tienen doble sentido. El hip hop nadie lo entiende…

Algunas canciones, desde luego, son de pésimo gusto, ofenden a la mujer, son homofóbicas, racistas. Son insultos cantados. No hay que censurarlas porque ellas mismas se excluyen. En una radio ciudadana no tienen cabida ests groserías.

Pero esas canciones son las menos. Tampoco hay que ponerse demasiado puritanos en asuntos musicales porque acabaremos prohibiendo hasta los himnos religiosos que suelen ser bastante machistas.

En cuanto a las canciones de mensaje y protesta, hay que aprovecharlas en la programación. Pero sin olvidar que, cuando pasamos música romántica o bullanguera, estamos cumpliendo una misión igualmente importante: entretener, alegrarle la vida a la gente, darle un respiro en medio de tantas dificultades.

Volvamos a los consejeros. Estos locutores adoptan un tono paternalista o maternalista, sobreprotegiendo a sus oyentes. Explican diez veces las cosas evidentes porque sospechan que la gente no las entiende. Aprovechan cualquier pretexto para una nueva amonestación…

ESCUCHAR AUDIOS
Amiga mía, son las ocho en punto de la noche. Y a esta hora, se me ocurre preguntarte: ¿dónde estarán tus hijos, eh? ¿Regresaron ya a casa? ¿Todavía no?... ¿Qué estarán haciendo, entonces?... Ellos te dijeron que iban a la iglesia… pero, ¿estás segura?... Además, recuerda que Al Capone rezaba antes de ir a cometer sus crímenes…

Por sus mismos prejuicios y temores, por su afán “educativo”, estos locutores se vuelven sosos, apagados, sin humor. No se ríen de nada y menos de ellos mismos. Se toman demasiado en serio y quizás sea ése su mayor defecto.

Nadie aguanta a una persona que esté dando consejos como abuelito cascarrabias. Por eso, cuando hables por radio, no te creas superior a la audiencia. Ubícate como un amigo, como una compañera, de igual a igual. Así lograrás una comunicación democrática.



LOS DESPELOTADOS (8)
Aquí aparecen los reyes y las reinas de la improvisación y el caos.S

También conocido como el terror de la cabina, la destripadora de equipos, el asesino de CDs, la patas arriba, el anárquico, los tormentos de la administración.

La especialidad de estos locos y locas es abandonar la cabina. Siempre tienen necesidad de salir a atender una visita, de fumarse un cigarrillo, de ir al baño, de volver al baño… y mientras tanto, el programa queda abandonado. Y ya no dejan baches, sino cráteres.

Cuando están en cabina, no se concentran. Están hablando por el celular y mandando un mensajito a la novia. Están hojeando una revista o pensando en la inmortalidad del cangrejo. Si tienen una computadora, no buscan noticias, juegan al solitario.

Obviamente, cuando abren el micrófono no tienen nada que decir…

ESCUCHAR AUDIO

Bueno, mis amigos, aquí vamos, como siempre, pura vida, ya saben, este es su programa favorito y a mí me importa un pito, quiero decir, para mí ustedes son lo más importante, gente buena, gente feliz, yo también soy feliz, feliz como una lombriz, ja, ja… ¿se rieron, no? Así es la vida y la movida… ponme un disco, Manolao, un disco bien chévere, pura vida, cualquier disco, Manolao, que me voy pál otro lao… ja, je… qué gracia… pura vida… pura…


El escritorio de los despelotados es un caos. Abres una gaveta y encuentras los periódicos del mes pasado, nunca leídos. Abres otra, y encuentras recibos sin pagar, galletas a medio comer, el último memo del director, un cepillo de dientes, tal vez hasta un calzoncillo o un sostén.

Los despelotados son los reyes y reinas de la improvisación. Entran a cabina con las manos vacías, sin ningún libreto, sin nada preparado. Ellos confían en su gran locuacidad. Ellas confían en que son muy graciosas y simpáticas.

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Pues sí, amigas, amiguitas, ya saben, este es su programa. ¿Por qué les digo que es su programa? Porque lo es. Porque ustedes pueden llamarme y pedir su disco... Con confianza, no sean tímidas… Ahora me acuerdo de ese chiste tan gracioso… ¿Saben en qué se parece un argentino a una vaca?... ¿No saben?... ¿Cómo no van a saber?... En que la vaca da leche… y el argentino “dale che”… Ay, qué gracia… ¿verdad que es gracioso?... Ay, yo me río tanto…


A estos sujetos no les importa llevar su hamburguesa a cabina y ahí la andan mascando. Si el jefe se descuida, meten también trago y esconden la botella bajo la mesa. Algunos invitan a sus amiguitas y amiguitos, pero no para entrevistarlos, sino para conversar, perder tiempo y mostrarles lo chéveres que son.

Cuando acaban su turno, todo es un desorden. Los discos fuera de lugar, los cables sueltos, la compu bloqueada, los periódicos en el piso y un cierto olor a zorrillo.

Necesitamos cabinas ecológicas, limpias, ordenadas y adornadas, donde nadie coma ni beba (salvo agua). Donde todo esté en su sitio y todo funcione. Cuando venga un entrevistado se sentirá bienvenido y a gusto. Y cuando llegue el siguiente colega a trabajar, sonreirá satisfecho y te dará las gracias. No olvides la consigna de la buena amistad locutoril: deja la cabina al salir como quisieras encontrarla al entrar.


LAS CULTAS (9)
¿Qué hay detrás de ese palabrerío con que pretendemos adornar nuestra locución?

Nos dijeron que mientras más raro hablamos, más cultos parecemos. Nos enseñaron palabras difíciles en la escuela y más difícil en la universidad. Y nos convencieron de que quien dice “nalga” es un vulgar. Pero si decimos “glúteo” ya resulta más educado. Y si nos referimos al “derriere”, indudablemente ya saboreamos las mieles de la cultura.

Imitando a locutores comerciales o extranjeros aprendimos a presentar los discos con palabras rebuscadas, hasta extravagantes. Y a dar la hora diciendo “diez minutos completarán las 16 horas”. Y a complacer a las “distinguidas damiselitas” y a entrevistar al “burgomaestre”. Lo importante era separarnos del vocabulario de la gente de la calle. Es decir, de nuestro vocabulario, porque la mayoría de las locutoras y locutores vienen de sectores medios y populares. Pero algunos ya se avergüenzan de hablar como habla su mamá. Y cuando se ponen detrás del micrófono lo que más hacen es el ridículo.

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Del imperecedero cofre de las ensoñaciones, extraemos una selección musical para el deleite timpánico de nuestra prestigiosa audiencia.

Con ese lenguaje “dominguero”, con ese enredijo de expresiones, abusando de las jergas periodísticas, no se intenta otra cosa que deslumbrar a los ingenuos. Pero la gente es pícara y descubre al baboso aunque parezca muy juicioso.

¿Quieres desnudar a estos pedantes? La mejor forma es aumentarles la dosis de su misma droga. Acércate a uno de ellos que ande preocupado y dile: Tranquilo, hermano. Recuerda que a perturbación climática, rostro jocundo.

Como quedará desconcertado, le das una palmadita en el hombro y le dices: Ya sabes, vital líquido que no has de ingurgitar, permítele que discurra por su cauce.

Y cuando pase una presumida con la nariz alzada le comentas: Por lo visto, cavidad gástrica satisfecha, víscera cardiaca eufórica.

¿Qué hay detrás de ese palabrerío con que pretendemos adornar nuestra locución? La inflación de palabras suele estar en relación directa al vacío de las ideas. Como dicen que dijo el ilustre Sigmund Freud, algunos oradores cumplen esta consigna: Ya que no somos profundos… ¡al menos seamos oscuros!

Relátame con quien deambulas y manifestaré tu idiosincrasia.
Dime con quien andas y te diré quién eres.

Tenemos que cambiar de mentalidad y redescubrir la verdadera fuerza de la cultura popular. Para el locutor profesional, para la inteligente locutora, lo más elegante no será lo más raro, sino lo más sencillo. Y la palabra más culta será aquella que más gente entienda. Y el piropo mejor que escuchemos será cuando digan de nosotros: Habla como su pueblo.


LOS MERCENARIOS Nº 10
Hay quien hace la guerra o el amor por dinero. Y hay también quien locuta por dinero. Acerquémonos ahora a esta clase de colegas.

Ya sabemos que nadie trabaja por amor al arte y que con la mística no se hace sopa. Locutores y locutoras, como cualquier obrero, viven de su trabajo. Y deben ser justamente remunerados por ello.

Repetimos: justamente. Porque en algunas emisoras, con el cuento de que están aprendiendo o de que son militantes voluntarios, no les dan ni para cubrir el pasaje. Eso tiene otro nombre: explotación.

De acuerdo, vivimos de nuestro trabajo y necesitamos tener un buen ingreso para alcanzar una buena calidad de vida. Eso está estupendo. Pero otra cosa es trabajar sin amor al trabajo.

Curiosamente, los mercenarios no suelen ser los peor pagados en la emisora, sino los que reciben los mejores salarios. Los que no tendrían de qué quejarse son los que se quejan más.

Y con mucha frecuencia, quienes ganan menos son los que cumplen con mayor responsabilidad y aguantan horas extras.

A los mercenarios se les conoce por la hora. Siempre llegan tarde a su trabajo. No les falta una excusa para la demora. El transporte estaba difícil, tuve una reunión de urgencia, se me murió el abuelito. ¿Cuántos abuelos tendrán, porque cada mes se les muere uno?

Los últimos en llegar pero los primeros en salir. Terminado el turno, no pueden quedarse un minuto más porque tienen otra reunión de urgencia… o van al velorio del abuelito.

Los mercenarios y mercenarias nunca tienen tiempo para colaborar en nada de la emisora…

ESCUCHAR AUDIO

--Oye, hermano, ¿puedes grabarme una cuñita?
--¿Ahora? Imposible, loco. Estoy saliendo a un compromiso muy importante.
--Pero si es sólo un minuto. Ven, vamos a cabina…
--Lo siento, loco, es que tengo una emergencia…
--Está bien, a lo mejor te puedo conseguir algo…
--Ahora estamos hablando. A ver, dime… ¿cuánto hay?

Esa es la única pregunta que les interesa: ¿cuánto hay? Están metalizados. Tienen dólares en los ojos. Si una emisora farandulera les ofrece un poco más, allá van. Si un político corrupto les paga por grabar mentiras, allá van. Para estos mercenarios del micrófono, lo único que cuenta en la vida es el dinero.

En una emisora ciudadana no podemos trabajar con mercenarios ni mercenarias. Necesitamos militantes del micrófono. Necesitamos compañeros y compañeras con ilusión, con ganas de colaborar, de formar equipo, que no miren tanto el reloj. Colegas que no vengan a cumplir con un horario, sino a empeñarse en un servicio en favor de la comunidad.



LOCUTORES DE CINCO ESTRELLAS Nº 11
¿Quieres ser el locutor más exitoso? ¿Quieres ser la locutora más popular? Conoce a tu público. Entrégate a tu público

Competir, triunfar profesionalmente, estar en los primeros lugares del rating… ¿quién no ambiciona esto? Un locutor o una locutora no se resignan con ser escuchados por un grupito ni una élite. Su meta es la gran audiencia. El problema es que la popularidad no se decreta: ¡se conquista!

¿Cómo conquistarla? Lo primero, no imitando a nadie. Hay quienes malgastan su vida locutoril remedando ídolos, deslumbrados por los que ellos consideran estrellas del micrófono. ¿Lo serán tanto? En todo caso, deja a los monitos en la selva y busca tu estilo propio. No te sientas superior a ningún colega, pero tampoco inferior. Desarrolla tu personalidad. Apóyate en ti. Atrévete a ser diferente.

El estilo propio es una combinación armoniosa de las cualidades que cada uno y cada una tiene. Se consigue aprovechando al máximo sus aptitudes: voz, talento, temperamento, formación… Lo decisivo, sin embargo, es la actitud con que el locutor o la locutora se relacionan con su audiencia: ¿calidez?, ¿pedantería?, ¿desgano?, ¿entusiasmo?

La base para establecer una buena comunicación son las ganas de comunicarse. Porque ser locutor no es tener linda voz, ni siquiera tenerla educada. Ser locutor es sentir una pasión por dirigirse a los oyentes, por dialogar con ellos y ellas. Una pasión de hablar. Y una pasión aún mayor de escuchar. Antes que emisores, somos receptores. Y nuestro primer deber (es decir, primer placer) será siempre atender a los demás y aprender de ellos. Locutor y locutora se escribe con prefijo: interlocutor, interlocutora.

Alguien pensaría que la popularidad de un locutor se consigue, como el título de su oficio indica, hablando. Aquí ocurre, sin embargo, lo que en las relaciones interpersonales. ¿Qué amigo nos cae mejor? ¿Quien habla más? ¿O quien nos escucha más? Todo buen conversador sabe que lo más interesante para la gente es la gente misma. Por eso, si quieres ganar muchos amigos y amigas (en la vida, en la radio o en el ciberespacio) comienza interesándote por el otro, escuchando más que hablando.

¿Quieres ser el locutor más exitoso? Conoce a su público. ¿A qué hora se levantan las amas de casa, con qué música de fondo estudian los chicos, con qué velocidad de locución prefieren oír las noticias los vecinos? Aprende sus rutinas, sus horarios, el trasiego de su jornada. Y acompaña esa jornada desde la cabina de locución. No es lo mismo abrir un micrófono de mañana que a medianoche. Un joven tiene una actitud de escucha muy diferente si es lunes o si es sábado. El reloj y el almanaque marcan el paso. Se trata de hacer bailar la programación al ritmo de la vida cotidiana.

¿Quieres ser la locutora más popular, el locutor más exitoso? Entrégate a tu público, siéntelo como amigos y amigas, presiéntelo como familia, haz tuyos los gustos y los intereses de las mayorías. Cuando un locutor se identifica con los oyentes, los oyentes se identifican con él. Cuando una locutora va al encuentro de la gente, su palabra se multiplica, germina.

Así son los locutores y locutoras de cinco estrellas. Así eres tú.


NOTA : textos tomados de www.radialistas.net